MORANDI Y LAS LÍNEAS FANTASMAS. TRIÁNGULO DE KANISZA.

 


Giorgio Morandi en su taller.

De Morandi hay muchos dibujos que dejan abiertas las formas. Eso genera confusión entre los bordes de los objetos, como si todos, al estar agrupados unos con otros, acabasen fundiéndose en la misma cosa. 


Se observa aquí en las bocas del jarrón de cuello estrecho y la vasija más ancha que tiene justo detrás. 





En el dibujo de la izquierda. La vasija más cercana tiene abierto el reborde posterior de la boca, confundiéndose con el fondo. ¿O tal vez se trata de un jarrón, cuya boca superior ha desaparecido completamente? Probablemente sea un jarrón de cuello ancho y largo. La pista que rompe la ambigüedad es la sombra arrojada sobre el suelo, que luego se eleva sobre otro objeto. Pero en ese caso, el jarrón no tiene boca, desaparece cuando asciende en el aire. Un pequeño óvalo nos hubiera apercibido rápidamente de la verdadera forma del objeto. Pero Morandi, extrañamente, ha decidido prescindir de un reborde para la boca.


Mi explicación a estas misteriosas líneas fantasmas es la siguiente: representan la SOMBRA, o, mejor dicho, la confusión creada por las sombras propias de los objetos. 

Pensemos que el pintor estaba haciendo un ejercicio de observación más o menos estricto de lo que tenía delante, con todas las consecuencias. Aunque supiera perfectamente la forma que tenían sus objetos, dibujados una y mil veces, es probable que se negara a completar en su dibujo algo "no visto". Debía ser una regla autoimpuesta. A veces los artistas requieren de estas autolimitaciones, como decía Paul Valéry, "la libertad es enemiga de las artes". 


Objetos sobre la mesa del taller de Morandi.

Pues bien, el taller de Morandi, a juzgar por las fotografías que se hicieron en vida del pintor, no debía ser un lugar especialmente luminoso, aunque tampoco oscuro. Predominaba una luz ambiente. Si el reborde de un objeto amarillo quedaba en sombra y justo detrás tenía un objeto oscuro, la separación del borde y su fondo se volvía dificultosa o incluso podía hacerse invisible para Morandi. En la sombra, los objetos se adhieren. Cosa que debió potenciar precisamente otro hecho premeditado: Morandi espolvoreara yeso encima de los objetos, para privarlos de sus cualidades materiales y lumínicas originales, al cristal por ejemplo, privarlo del brillo.


 

En la naturaleza muerta de la izquierda, la confusión viene promovida por lo contrario, por la luz excesiva, o por la equiparación de las propiedades lumínicas de los bordes de los objetos y el fondo. En la naturaleza muerta de la derecha, me cuesta entender lo que está sucediendo, el dibujo es como si pretendiera erigirse en forma de acertijo o rompecabezas. Tenemos la necesidad de saber qué hay, y, sin embargo, Morandi nos ofrece pocas y extrañas pistas. En su paessagio de Levico, de nuevo vuelve a jugar con la ausencia de boca para la chimenea o la columna (yo sé que es una chimenea porque he visto fotografías y otras acuarelas de Morandi), que se hace presente precisamente por su ausencia.



El triángulo de Kanisza demuestra la "ley de completitud". Tendemos a completar las formas según un esquema formal más sencillo y unitario. 



Me surge con ello una reflexión interesante, y es que, para Willatz y otros profesores de dibujo, los elementos potenciales de la forma, más que los contornos completos, lo son las junturas y las esquinas de las formas. A menudo, como dibujantes, debemos prestar mayor atención a las esquinas de los rebordes. En el dibujo las junturas y coyunturas de las partes toman la forma de L, V, Y, y T. Involuntariamente el diagrama de Kanisza demuestra también esta importancia de prestar atención a las esquinas de las cosas. Ambos triángulos se ven perfectamente porque sus esquinas están representadas, por comecocos o por uves. Sin embargo el contorno puede ser intermitente entre esquina y esquina. 

Morandi, siguiendo una esa probable autorregla impuesta que decíamos, la de pintar "sólo lo visto", hacía desaparecer también las esquinas de los objeto. Más que la interrupción de la línea de contorno, lo que introduce una confusión mayor es probablemente la desaparición de elementos claves como las esquinas y las junturas de las cosas. 

Es evidente que no era un fallo, sino algo deliberado. Morandi debe haberse complacido mucho en estas extrañas confusiones en sus dibujos, porque vemos la aparición de formas negativas en sus acuarelas (enlace a dos acuarelas en el Reina Sofía) que, también, se completan con bordes fantasmas, como si de un diagrama de Kanisza se tratase. Solo que en este caso el diagrama está deliberadamente alterado para provocar confusión.

Lo que Morandi nos enseña es que la naturaleza de la percepción es compleja y que, al reflexionar sobre la sombra y la luz, el pintor entiende las potenciales capacidades que un artista tiene para, no solo hacer aparecer los objetos, sino también para hacerlos aparecer, sin por ello desviarse ni un milímetro de lo que ve. Precisamente nos demuestra que a veces creemos ver lo que no vemos, y que si dibujamos sólo lo visible, es probable que el objeto se vuelva invisible. Una paradoja que al profesor y amigo Ángel González le hubiera gustado pensar con nosotros.  
 

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